(21 Octubre, 2026. ESO-CA) Según un estudio realizado por el Observatorio Europeo Austral (ESO), que opera tres grandes observatorios astronómicos en el Desierto de Atacama en Chile, para salvaguardar nuestra capacidad de observar el cielo nocturno con telescopios modernos, no deberían orbitar la Tierra más de 100.000 satélites tenues de magnitud 7, con un brillo por debajo de lo que puede detectar el ojo humano a simple vista. El estudio es el primero en calcular hasta qué punto las grandes y brillantes constelaciones de satélites —que también han suscitado preocupación sobre sus impactos en la salud y el medio ambiente— afectarían a las observaciones astronómicas al restarle oscuridad al cielo nocturno.
Imagen arriba: Una hora de satélites, al anochecer, sobre el Observatorio EELT de Cerro Armazones, Desierto de Atacama, Chile. Crédito: F. Kamphues, ESO.
Desde 2019, el número de satélites en órbita terrestre ha aumentado rápidamente, hasta superar actualmente los 32.000 si se incluyen satélites que ya no funcionan. Predominan los satélites de telecomunicaciones Starlink.
El autor del estudio "Constelaciones de satélites grandes o brillantes Efectos en las observaciones, incluida la luminosidad de fondo del cielo" es el astrónomo Olivier Hainaut, que ha trabajado en ESO desde hace más de 30 años y ha participado en el desarrollo de recomendaciones para mitigar el impacto de las constelaciones de satélites en la astronomía logrando que empresas como SpaceX hayan tomado medidas para hacer que sus satélites sean menos brillantes. Hainaut advierte que las proyectadas constelaciones de satélites están yendo "más allá del límite" de lo que la astronomía puede soportar. El estudio, revisado por pares, ahonda sobre los impactos de las futuras constelaciones de satélites, fue publicado en julio pasado en la revista Astronomy & Astrophysics.
Hainaut concluye que los 1,7 millones de nuevos satélites proyectados tendrían consecuencias drásticas para la astronomía terrestre. Estos impactos solo pueden evitarse limitando el total a un máximo de unos 100.000 satélites lo suficientemente tenues como para no verse a simple vista desde un lugar oscuro.
El astrónomo Jonathan C. McDowell contabiliza en 1.766.623 satélites planificados, entre los que destacan los «Centros de Datos Orbitales» (Orbital Data Centers) de SpaceX (un millón de satélites), el proyecto Cinnamon de E-Space (más de trescientos mil satélites) y las constelaciones CTC-1 y CTC-2 de China (cerca de cien mil satélites cada una), todo ello repartido en un total de 33 grandes constelaciones.
Por su parte el científico planetario y astronauta S. Alan Stern, Investigador Principal de la misión New Horizons de la NASA al planeta Plutón y más allá, afirma en un artículo Rescatando la astronomía de su crisis de las megaconstelaciones de satélites publicado recientemente en la revista Spacenews.com que no será posible limitar la actividad espacial para salvar a la astronomía.
Stern afirma que ya una vez los astrónomos tuvieron que alejarse de las ciudades para evitar la contaminación luminosa. Pero en esta oportunidad no hay escapatoria ya que "las constelaciones de satélites comerciales, para la década de 2030, invadirán el cielo oscuro en todo el planeta, con una contaminación atmosférica incontrolable causada por la luz solar que reflejan", predice.
La astronomía puede seguir intentando combatir la proliferación de satélites en órbita terrestre, pero en su opinión afirma que, "esa lucha es inútil y, en última instancia, sucumbirá ante las enormes fuerzas económicas que hay detrás y los beneficios sociales muy reales y significativos que aportan estas constelaciones de satélites".
Para salvar a la astronomía de investigación afirma que nuevamente - "debemos volver a situar nuestros telescopios más allá de los efectos de los avances de la industrialización. Trasladando las capacidades de los observatorios astronómicos del mundo fuera de la superficie terrestre, a regiones espaciales situadas por encima de las crecientes constelaciones orbitales de satélites comerciales".
Los telescopios espaciales ubicados en el Punto L2 de Lagrange, situado en el lado opuesto de la Luna a unos 448.900 km del centro de la Tierra, son más eficientes que los terrestres ya que pueden operar durante las 24 horas, contra las ocho horas de los ubicados en la superficie, que además se ven limitados por la luz de la Luna y el clima.
El costo de reemplazar las capacidades de los aproximadamente 100 telescopios terrestres de investigación astronómica de tamaño mediano a grande actuales con unos treinta telescopios espaciales sería de alrededor de 100 mil millones de dólares, calcula Stern. Lo que podría financiarse poniéndo un impuesto específico a los lanzamientos. "Dicho impuesto sería similar a los impuestos sobre el uso que ya se aplican al combustible de aviación para cubrir los costos del control del tráfico aéreo", dice.
Para Hainaut esta no es una solución para la investigación astronómica, ya que: "El (Stern) considera el problema de los satélite enfocado solamente en la astronomía profesional en el visible, olvidándose de los aficionados y el publico en general, olvidándose de la radio-astronomía, de los problemas de contaminación de la atmósfera baja, de contaminación de la atmósfera alta y de la congestión orbital."
La astronomía profesional y de aficionados está dando una batalla existencial para limitar la proliferación de grandes constelaciones de satélites que ya están alterando el paisaje estelar de toda la humanidad.
Contáctenos
IR A OBSERVATORIOS EN CHILE
BUSCADOR DEL SITIO:
MAMAYUCA, Vicuña
COLLOWARA, Andacollo
LAS FAMILIAS DE LA LUZ:
OBSERVATORIOS ESPACIALES